150 años de historia

Un siglo y medio de historia milanesa a través de los huéspedes más ilustres de su hotel más antiguo.

Historia

El Hotel de Milán, hoy Grand Hotel et de Milan, fue inaugurado el sábado 23 de mayo de 1863.
El proyecto fue encargado al arquitecto Andrea Pizzala, conocido sobre todo por haber realizado en 1831 la Galería De Cristoforis, aquí en Milán. El edificio era de dimensiones más reducidas respecto a las de hoy. Un edificio de estilo ecléctico sobre cuya fachada, y más precisamente en sus adornos, se emplearon referencias decorativas propias del repertorio neogótico. Estas referencias cultas se obtuvieron desde las obras publicadas en aquellos años, inspiradas al movimiento romántico inglés; el así nombrado “ Gothic Revival”.
Hacia el final del siglo XIX adquirió una considerable importancia, ya que era el único hotel de la ciudad equipado con servicio de correo y telégrafo y por eso frecuentado por diplomáticos y por personas de negocios. Incluía más o menos doscientos cuartos, un elevador hidráulico “Stigler” (recién restaurado durante la remodelación y actualmente en servicio), un jardincito de invierno y salones comedores lujosamente amueblados.

150 años

1863
Hotel in Milan
Hoy
Grand Hotel et de Milan
Grand Hotel et de Milan depliant storico
Invitados distinguidos
Entre los Huéspedes más ilustres del Grand Hotel et de Milan, podemos citar al Maestro Giuseppe Verdi que aquí eligió permanecer desde el 1872, alternando la vida urbana y de trabajo con aquella tranquila de Santa Ágata, su hacienda de campo. Justo en aquellos años estuvo muy empeñado en la composición de “Otelo” y luego de “ Falstaff”.
En aquel tiempo la Condesa estaba muy adolorida por la muerte de su única hija y retomó la vida mundana sólo después de la abertura de una tertulia cultural en su misma casa. Fue justo gracias a la frecuentación de aquella tertulia, donde se podía encontrar a Manzoni, Cattaneo, Correnti, Manara, Balzac y Rossini, que Verdi, afligido por la muerte de su esposa y de sus hijos, reencontró la inspiración que lo llevó al triunfo del “Nabucco”.
Después de cuarenta años de ausencia y quince de silencio, el 5 de febrero de 1887, Verdi regresaba al Teatro alla Scala con “Otelo”. Fue un gran día. Ya antes de que anocheciera la ciudad estaba toda en agitación. Todos, en aquella jornada de invierno, estaban en la calle, organitos tocaban temas verdianos; en todos lados se gritaba “ Viva V.E.R.D.I.!”. Himno que tenía un doble significado : además de recordar con amor al Maestro, la exclamación también significaba ¨Viva Victor Emanuel Rey de Italia”.
Después de la primera representación de “Otelo”, como acostumbraba para los grandes triunfos teatrales, la carroza que llevaba Verdi al “Milan” ( como se le llamaba cariñosamente el Grand Hotel et de Milan) fue separada de los caballos y fue arrastrada a brazos por los milaneses. Acabando de llegar a su habitación al hotel, Verdi fue llamado con gran voz por el pueblo, que mientras se había reunido bajo su balcón. El maestro se asomó acompañado por el tenor Tamagno que cantó algunos temas de la ópera para la muchedumbre delirante. La misma muchedumbre permaneció delante del “Milan” en el periodo en que Verdi estaba gravemente enfermo. Dos o tres veces el día el Director encargaba colgar a la entrada del hotel los boletines con la condición de salud del Maestro.
Fue esparcida paja en la calle Manzoni para atenuar los ruidos de la carrozas y de los caballos para no molestar la agonía del Maestro. Hoy todavía al exterior del hotel está colgada una placa que lleva este escrito: “ Esta casa hizo memoria en los siglos Giuseppe Verdi que fue huésped ambicionado y aquí espiró el día 27 enero 1901. En el primer aniversario de la muerte la alcaldía puso, por consenso unánime del pueblo, a perpetuo honor del sumo que animó en los pechos itálicos con celestiales armonías el deseo y la esperanza de una patria” .
Para Verdi el “Milan” estaba en una posición estratégica; a pocos pasos del Teatro alla Scala y en frente a la calle Bigli, donde vivía una grande amiga suya, la Condesa Clara Maffei.
Grand Hotel et de Milan hall 1900
En la tarde del 30 abril 1888, el entonces dueño del hotel señor Spatz, acogía con todo su personal alineado Sus Altezas Imperiales Dom Pedro II de Braganza y la Emperadora Teresa Cristina de Borbón. Para la ocasión Spatz, dispuso redecorar las habitaciones reales y trasformar la entrada y la escaleras del hotel en un exuberante jardín tropical.
Durante la permanencia, el emperador se enfermó gravemente de pleuritis. Su regreso a Brasil fue diplomáticamente atrasado, permitiendo a su hija, la rigente Doña Isabel, de firmar en Brasil la famosa y contrastada ley que abolía la esclavitud. Spatz comisionó para este acontecimiento una estatua alegórica representante una india emplumada que “mata las serpientes de la esclavitud”. La estatua está resguardada hoy día en la entrada del hotel.
En el abril de 1902 llegó al hotel el grande tenor Enrico Caruso, que iba a Milán para cantar a la Scala una nueva ópera dirigida por Toscanini, titulada “ Alemania”. Fred Gaisberg, pionero de la grabación fonográfica de la “ Gramophone Company”, estuvo entusiasta de aquella voz, pero la Gramophone Company, intencionada a grabar un disco, se hizo para atrás después haber aprendido que Caruso pretendía 100 libras para aceptar grabar. Entonces Gaisberg decidió financiarlo personalmente. Así en una habitación del Grand Hotel et de Milan se grabó el primer disco de matriz plana de la historia de la música.
Caruso parado delante de un embudo metálico, que una pared separaba de una rara maquinaria destinada a recoger la voz, cantó diez temas de ópera. El trabajo duró dos horas. Al final Caruso se metió en el bolsillo las 100 libras y se fue a comer, Gaisberg tuvo una grande intuición a patrocinar aquél que se volvió luego uno de los más famosos tenores del mundo.
Y llegamos así a los años veinte. Una de las huéspedes más extraordinarias, verdadera hija de los años locos, fue la pintora “ femme fatale” Tamara de Lempicka.
La bella pintora polaca estaba alojada en el Milan por el escritor Gabriele D’Annunzio. Parece que el poeta estuviese encaprichado con ella y que quisiese hacerse pintar un retrato al Vittoriale. En la habitación a ella dedicada están presentes algunas cartas que atestiguan un denso carteo entre Tamara y Gabriele.
El Grand Hotel et de Milan fue completamente renovado en 1931 y equipado con baños con modernos sanitarios, agua corriente y teléfono en cada habitación. Su elegantísimo American Bar era frecuentado por la mejor sociedad. El restaurante, ya en ese entonces el más reconocido de Milán, además hacía alarde de una refinada cocina y de un servicio impecable.
En 1943, a consecuencia de un terrible bombardeo (que afectó también el Teatro alla Scala), todo el cuarto piso fue destruido. Sucesivamente el Estado Mayor de la 5º Armada americana requisó el hotel. El “Milan” se volvió el lugar de vacaciones premio para los soldados aliados, incluso el hotel tuvo su “Director Militar”. Hubo fiestas, bailes y conciertos en el lujoso y exclusivo “resataurant”.
El 24 de junio 1946, finalmente el hotel tuvo paz.
Una vez más el “Milan” resurgía de sus cenizas, manteniendo inalterado su prestigio. Fue un trabajo largo y cansado, aquél empezado apenas después la guerra por el arquitecto Giovanni Muzio ( principal exponente del así nombrado “ estilo Novecientos”), trabajo que devolvió a la ciudad el hotel más antiguo de alta tradición, digno de la fama internacional que se había creado.
Grand Hotel et de Milan hall fine 1800
Maria Meneghini Callas vino a menudo al Grand Hotel et de Milan entre 1950 y el 1952, en ocasión de las funciones al Teatro alla Scala. Ella y Meneghini, su primer esposo, eran capaces de discutir horas en la recepción delante de la caja de seguridad abierta, para elegir que joyas ponerse.
En el 1969, con la nueva administración, el emprendedor Manlio Bertazzoni decidió que era el tiempo de remodelar el hall y los salones del hotel, para dar un tono más vivaz a los muebles de los años 40´ . La presencia de la hija Daniela y de su compañero, el fotógrafo de moda Rocco Mancino, hizo que el “Milan” se volviera un punto de referencia para fotógrafos, modelos, diseñadores, artistas y de todo el “ bel mundo” que gravitaba alrededor. Se volvió set fotográfico y de desfile de moda.
Por primera vez el hotel se iba a utilizar como lugar para exponer las colecciones de diseñadores en ese entonces novatos. No era difícil encontrar, durante la semana de la Moda, jóvenes diseñadores que habían montado sus show room en los lugares más insólitos para aquel tiempo. Cada rincón del hotel se utilizaba para esa finalidad : el hall, las habitaciones, los roperos de la planta baja, y también el viejo elevador Stigler, en ese entonces aún no funcionante que, parado en la planta baja lucía “ decorado” con los accesorios de moda más varios. Una Rolls Royce Siver Cloud de la época, con chofer en librea , estacionaba frente a la entrada del hotel en espera de llevar los clientes del hotel a donde quisieran. El “Milan” se había vuelto un hotel divertido y de moda.
Al comienzo de los años ’70 estalló el “prêt à porter” italiano y el hotel consagró su abertura a la moda. Ferré y su productor Mattioli, organizaron en el hotel su primer desfile, y muchos más tuvieron aquí “ su bautizo” en su viaje hacia la celebridad. Se abrió así la grande temporada mundana con los té concierto de las cinco de la tarde, los cocktail Scaligeri del 7 de diciembre y los Gran Galá de San Silvestro.
El “Milan” siempre fue una especie de “ Dépendance” de la Scala. Nuestro huésped habitual, Severino Gazzelloni, famoso flautista apodado “flauta de oro¨, estaba acostumbrado ejercitarse por la tarde con los tonos en sordina. Muchas habitaciones eran comunicantes, aunque sólo con dobles puertas cerradas. El Maestro escuchó tocar la puerta. Creyó de estar molestando y rebajó de una octava. Tocaron otra vez, y él nuevamente disiminuyó la intensidad del sonido, reduciéndolo casi a un imperceptible caramillo, pero una vocecita de mujer le rogó de subirlo en vez de rebajarlo, para gozar en privado, de aquél magistral sonido.
Otro huésped habitual fue Vittorio de Sica. En 1974, para una escena de la película “ El Viaje” (donde actuaba con Sophia Loren), fue montado un cuarto para dormir en la sala de la habitación de Verdi. La alcoba fue ocupada por Richard Burton y la joven Annabella Incontrea. A menudo era posible encontrar a Burton en los salones del bar paladeando una copa de Vodka.
Durante los últimos trabajos importantes de remodelación, ocurridos del 1990 al 1993, se encontraron partes de la gran muralla defensiva construida en el 250 d.C. por el emperador Massimiano: signo urbano importantísimo para Milán, defensa, baluardo y límite de la ciudad. El núcleo de la estructura de la muralla fue construido con conglomerados de guijarros y fragmentos de ladrillos unidos entre ellos por un mortero muy tenaz. Los restos de la muralla, ahora cuidadosamente remodelados, hoy se pueden admirar bajando las escaleras que llevan a la cava del restaurante Don Carlos, ubicados en el centro de la sala y rodeados por pregiados vinos nacionales y extranjeros.
El importante trabajo de restauración conservativa ha permitido el resplandecer de algunas arquitecturas borradas por las restauraciones antecedentes: como las columnas de granito del bar , del hall y del antiguo elevador. El cuidadoso trabajo de restauración de las partes monumentales, de renovación funcional, de actualización tecnológica y reglamentaria regresaron el Grand Hotel et de Milan a su esplendor originario, conservando intacto el antiguo encanto de morada arisctocrática milanes del siglo XIX.
Entre varios amigos se les agredece de particular manera para el cariño que nos demostraron donandonos preciosas reliquias históricas : Franco Maria Ricci, el Touring Club Italiano, el Teatro alla Scala, el Museo Enrico Caruso, el Sr. Mazzocchi y el Ing. Buccolier.